La magia de la Rendición
- 6 feb
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Actualizado: hace 4 días

Abrir los ojos conlleva responsabilidades y sacrificios que tienen precios más altos que vivir en la «estupidez», la ignorancia y el mundo de efectos placebo. Algunas cosas ya dejan de ser interesantes y algunos amigos y contextos también. Empezas a elegir otras cosas, te haces más consciente de dónde pones tu energía y te vas volviendo más selectivo. Cotidianeidades, automatismos y rutinas cambian. Volves a hacer elecciones, tomas nuevos caminos.
Esas elección no son fáciles, pero a veces solo decantan. Muchas veces deja de ser una “elección”, transformándose en el único camino posible que queda, en una especie de despertar natural y orgánico.
Y es que a veces, no es que estés “eligiendo”, sino que lo anterior ya no estaba dando resultado, entonces te queda otra opción que moverte en el otro camino. Quizás eso es lo que llaman expansión de la conciencia.
¿Cuántas veces forzamos las cosas? ¿Cuántas veces insistimos con obstinación sintiéndonos superpoderosos? A veces con costos enormes, consumiendo grandes montos de nuestra energía como si fuera infinita, como si cada batalla no tuviera consecuencias.
Siempre profesé el espíritu de lucha por las propias ideas, porque eso siempre me enseñaron. Siempre pensé que eso era algo bueno y quienes me conocen saben que lo he hecho hasta el cansancio en mi vida, como una bandera. Quizás como lo que más me caracteriza.
Nos enseñaron mucho a luchar– por lo menos a mí– y a simple vista pareciera que eso es lo opuesto a rendirse. Y quizás es que rendición– espiritualmente hablando– no es una palabra tan popular en nuestra cultura de poder y control. Y es que “rendirse” es como si tuviera una connotación negativa. ¿Pero rendirse ante quien?
Ahora estoy empezando a pensar que el verdadero truco se encuentra justo en el punto medio entre ambos. Entre tener la disciplina y la convicción para seguir nuestro camino y avanzar a paso firme por él, pero con el entendimiento sutil y clave de estar muy despierto sobre que se nos juega en eso y a dónde nos lleva ese camino. De estar muy atentos para leer las señales– como decía el Alquimista– para ver si estamos en el camino correcto o si solo estamos dandole de comer a nuestro Ego testarudo y obstinado que quiere lo que quiere sin más. Saber tomar el timón de nuestro barco– porque es nuestro– pero entendiendo que hay otra fuerza que también lo mueve, y que frecuentemente, lo que aparece como una tormenta muchas veces es él Universo jugando a nuestro favor, reajustando los cabos sueltos. Y cuando el universo está entrometiendose ahí en nuestros planes: ¡mucho cuidado! porque puedes ser afortunado, y porque es muy probable que tras eso haya una enseñanza importante que no estás contemplando. Y ahí es importante rendirse, y saber cuando soltar un poquito el timón, para que una fuerza más sabia que nosotrxs mismxs entre en el campo de juego, acomodando lo que debe ser acomodado. Que si el universo te aleja de algunas situaciones, solamente no te empeñes en ir en su contra, porque a veces, te esta ayudando. A veces solo déjalo actuar, entrometiendote tú lo menos posible en su camino y oponiendote lo menos posible a su fuerza. Porque su fuerza, siempre es sabia.
Y creo que esa, era la rendición de cual el monje me estaba hablando:
«Aprender a leer los presagios» diría el Alquimista, porque como podríamos pensar “a simple vista” no son cosas aisladas ni casualidades: son señales que la vida, el universo, la energía o el destino– elige tu nombre preferido – nos van regalando para guiarnos en este camino de la vida. Y en ese aprendizaje, hay que prestar mucha atención, ser muy amable y paciente, y empezar a confiar en nuestra intuición para comenzar a entender.
Me gusta pensarlo como el punto justo entre sostener con la mano dejando aire para que la energía fluya –sin que por eso el objeto se caiga– o apretar con el puño hasta asfixiarnos.
A veces las guerras y las luchas nos hacen apretar los puños. ¿Y es que no habrá otras maneras de luchar?

Aprender a soltar el control también es un arte, pero es hermoso poder ver lo otro que se manifiesta. Dejar que el ego caiga del pedestal donde lo pusimos y bajarlo del lugar desde donde controla nuestra alma, para empezar a ver más allá de él:
La sabiduría que no conocemos. Y sí, requiere mucha paciencia desapegarse de las expectativas propias y “resignar” nuestro caballito ganador, pero después de eso se abre un universo enorme, completamente nuevo, probablemente impensado y por eso quizás mucho más increíble.
–Cuando uno cree de verdad, cuando uno verdaderamente se rinde, el universo guía y la verdad aparece, pero para eso se hace necesario creer. Y te juro que ahí, empezas a ver la magia...





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