top of page

Aprendizajes 2: La Isla de Koh Phangan y los "infortunios" de la vida

  • Foto del escritor: A. V.
    A. V.
  • 20 ago 2025
  • 11 Min. de lectura
ree
No quería irme de este paraíso. A veces viajando pasa. Cuando nos sentimos cómodos nos cuesta movernos. "Comodidad" en Asia no es algo que uno encuentra todos los días y viajando uno empieza a valorar lo pequeño.

En este caso, estaba en Koh Phangan, Tailandia. Una islita hippie donde todos vienen a “sanar”,  hacer Yoga y conectar con ellxs mismos. Había encontrado una casita de madera con un balconcito que daba a la naturaleza. Tenía una cocina y podía cocinarme. Viajando en Asia, eso es oro puro. También tenía una motito para moverme a donde quería y poder escribir mirando el mar o algún atardecer entre palmeras. Formé parte de una comunidad de mujeres hermosas ¡HERMOSAS! que me enseñaban cada día, a cada minuto, con palabras, acciones, silencios, abrazos y presencia.

Tenía algunos “planes” mentales, pero en el fondo estaba cómoda, no quería irme. 

¿Quién quisiera irse cuando encuentras todo eso? Entonces las estructuras que ya no existen se dilataron un poco, cómo suele suceder. Lo bueno es que después de tanto viajar ya lo sabemos, y podemos permitírnoslo con más amabilidad.


Mi cuerpo no quería moverse y me permití escucharlo, como siempre intento. Fue entonces que pensé en quedarme más tiempo, aún más tiempo ya llevaba dos meses en la isla pero en esa indecisión, esa mañana había decidido abrir por primera vez mis registros, y le pedí una señal a mis guías, y me había olvidado lo rápido y claro que actuaban:


Cuando volví a casa a las 11 de la noche y entré a la cocina, un coco enorme se había caído desde lo alto de una palmera vecina, había atravesado el techo de chapa y el durlock y destrozado la mitad de lo que había abajo. Por suerte yo no estaba, entonces no destrozó mi cabeza, solo algunos platos y vasos. Fue un situación tan extraña y un peligro tan fuera de mi “mente de ciudad” que automáticamente pensé por una milésima de segundo que «algo se le había caído a la gente del departamento de arriba».

—¡¿Qué departamento?!¡Si estás viviendo en un bungalow! (JA!)— me autocontesté. Así de shockeante fue. Con el dueño del bungalow nos reímos a carcajadas para no llorar. Yo por mi integridad física, él por la rotura de su techo. Hasta ahí no había percibido nada en particular, simplemente imaginé que eran infortunios casuales de la vida en la jungla y que obviamente había que tener más cuidados con las palmeras. A veces necesitamos una serie de hechos contiguos para poder otorgar verdaderos sentidos. Lo que no sabía es que eso vendría pronto.


ree

Por el “accidente del coco” y la posible caída de más cocos de un diámetro considerable que si te alcanzan desde lo alto de una palmera simplemente te matan, me mude a la casita contigua. Fue entonces cuando estaba parada charlando con mi amiga en el balconcito relatando justamente la situación del coco. De repente, una madera que conformaba el piso del bungalow se quebró debajo mi pie derecho, haciendo que la mitad de mi pierna entrara de lleno en ese hueco de aire, traspasándolo. Mi pierna se hundió en el vacío hasta que mi rodilla se ve que hizo algún tipo de tope, con la mala suerte que el hueco fue tan estrecho que mi toda pantorrilla tuvo que comprimirse en 10 cm de agujero. El resultado fue raspado terrible y dos hematomas gigantes de ambos lados de la pierda que daban miedo. Parecía el famoso tatuaje- souvenir de Koh Phangan que muchos llevan al caerse de la moto. 

Mi amiga, que miraba toda la situación desde abajo del balcón, tuvo que contenerse para no reírse, porque identificó que era algo serio. Así y todo, el universo fue "gentil"—sigo prefiriendo ese accidente casero antes que el motociclistico.


En una milésima de segundo mi cuerpo cayó 1 metro hacia abajo y ahí lo entendí todo: la guía que pedí había llegado. No con una sonrisa ni palabras amables ni una invitación a retirarme, porque probablemente así no me hubiera movido desde donde estaba. Llegó a lo bestia…siempre llega así. Mis guías no saben mucho de sutilezas, pero ahí estaban, dándome una respuesta, que más que respuesta era una salida.   «Me echaron de mi propia casita de ensueño» LITERAL.


—¡Me tengo que ir de acá ya! Le dije a mi amiga automáticamente, con el culo en el piso y una pierna colgando hacia abajo por el agujero.


A veces nos demoramos, nos desviamos un poquito, a veces incluso a penitas. Nos apegamos al confort, a lo calentito de las relaciones, a la sensación tan valorada del hogar. Al descanso, al disfrute, a lo amable. Nada malo con eso, solo que ahí estamos en modo descansoy una vez más, nada que objetar con eso, hermoso momentopero siento que a la vida, de tanto en tanto, suele gustarle que aprendamos. Probablemente sea su manera para mostrarnos que "este" aún no es nuestro lugar, nuestro destino final. No por lo menos por ahora.

Con más o menos intensidad o precisión, a veces se empeña en eso, dependiendo del momento, del sujeto y cuanto le caigas o no en gracia. Y lo que aprendí con el tiempo y las experiencias es que caerle en gracia no es justamente la ausencia de conflictos, sino todo lo contrario. A veces nos da un lugar de tanta importancia, nos tiene tanta expectativa, confía tanto en nuestro valor y potencial, que le gusta probarnos, ponernos mejores lecciones, para que lleguemos aún más lejos de nuestrxs límites. Nos regala un aprendizaje, forzoso. Y con eso, una bendición disfrazada. Si somos afortunados, la vida nos coloca en un pedestal como “sus mejores discípulos”, y la muy turra tiene tan buena imaginación y elocuencias que superarían a las mejores escenas de películas.


El agujero del mal
El agujero del mal

La muy obstinada nos enseña todo el tiempo, como una maestra infalible. No se cansa. Te da los respiros apropiados los justos y necesarios y te muestra que, incluso, cuando te pensaste muy feliz y finalmente “acomodadx”, inclusive ahí puede sorprenderte con algo mejor, inesperado, y por eso siempre disfrazado de esa sensación de cambio que tanto odiamos… porque claro, fastidia nuestrxs planes y nuestro amado presente. Te enseña incluso ahí, donde no queremos. Y entonces ahí, nos enseña doble. 


Por suerte, me ha entrenado en eso ya varias veces, entonces ya no me sorprenden "tanto" sus mecanismos. En este nivel que estoy ahora, me producen un profundo asombro. 

Veo la magia en mis ojos, esa que se camufla de normalidad pero carga un mensaje profundo en sus espaldas.

La escucho reírse, como una madre que enseña, con amor y también con la rigidez necesaria para que le lleves el apunte. Y entre todo eso, también me río yo y miro al cielo:

Lo hiciste de nuevo le digo ¿Qué me estás preparando ahora? Está vez dolió, ¡espero que lo que me espera sea bueno! Y así, tenemos diálogos internos, como si nos conociéramos de toda la vida. Y en vez de enojarme, abro mis brazos a lo que viene, porque sé que algo bueno viene.



CONFÍO. Cada vez me aferró menos a la queja y puedo ver más rápido la intención detrás de cada suceso inesperado, de cada cambio imprevisto, de cada traba o infortunio. Sé que de alguna forma que exactamente no comprendo, todo está orquestado. Entonces de esa manera, tengo menos miedo.


Fuiste bien directa... supongo que esta vez lo necesitaba. Gracias por escuchar mi pedido y gracias porque “el aviso” ha sido leve—se que siempre podría haber sido peor. Gracias por tenerme entre tus preferidxs, por mostrarme el camino, por enseñarme a confiar, incluso cuando ya pensé que sabía lo suficiente.


Y como se imaginaran, luego de desinfectarme la pierna y resolver las cuestiones prácticas de la herida, esa misma tarde saque el ferry para irme de la isla. No sé por qué, pero se ve que tenía que seguir mi camino. La vida me estaba mostrando que no debía aferrarme, ni a mis hermanas ni a mi casita ni a nada.  La noche del incidente del coco, una de mis hermanas se había atrevido a romper su propio límite y a cantar con su voz en alto en un karaoke de Tailandia. Había dado el paso para cumplir su sueño y lo había hecho tan bien como si hubiera nacido para eso. Brilló con una intensidad tan única y nos emocionó tanto a quienes la estábamos viendo, qué nos abrazamos todas con un amor tan puro, que por un momento pensé en quedarme unos días más en la isla. Esa misma noche y en el transcurso de unas 15 horas contiguas, los infortunios sucedieron.“Coincidencias"o mensajes. Interpreto que aunque todo había sido demasiado mágico aquí no podía apegarme, porque ellas también debían seguir su camino, porque todas íbamos a conocer a muchas más hermanas e íbamos a tener muchas más casitas, pero teníamos que continuar para seguir aprendiendo. La magia de los encuentros es también saber cómo agradecer por lo vivido y despedirlo con amor. Y quizás no todo el mundo entienda muy bien porque hay que irnos de los lugares que queremos más que los viajeros, o los buscadores.


A veces no lo vemos tan claro en el momento: somos seres humanos, a veces sufrimos de visión limitada. Para eso está la vida. Para encausarnos, reajustarnos, recordarnos, devolvernos al camino o simplemente darnos ese empujoncito- o empujonzote- que necesitábamos. Porque ella mira desde más alto, o desde adentro… no sé exactamente desde donde dirige los hilos… A mí me gusta mirar hacia arriba cuando le hablo a ella,  entonces supongo que se esconderá detrás de alguna nube de tormenta, mientras planea su próxima estrategia para hacernos despertar.


Vida maa.

Así sea. Gracias.


ree

PD: El destino del ferry era Koh Tao, la isla vecina, donde todo el mundo habla español. Hay fiestas latinas casi todas las noches con una banda argentina en vivo, que toca clásicos de cumbia, cuarteto y temas que ni yo conocía. Estaba lleno de gente, los precios son bastante más caros y la acomodación estaba bastante difícil de conseguir. Salí con la moto a buscar hospedaje por toda la isla, no conseguí nada razonable. Todo era demasiado turístico, ni bien llegué ya quería irme, pero resistí y le dí una chance. La primer noche, una chica que yo no conocía pero me había visto en Koh Phangan me reconoció en la calle, y me dijo que su amigo estaba de vacaciones y alquilaba su bungalow. El boungalow era una casita con balcón en medio de las palmeras. De repente, estaba en medio de la jungla en un barrio solo de gente tailandesa, con vista a las montañas y ruido a selva. Yo, la casita y la montaña— justo lo que me había faltado en Koh Phangan: más tranquilidad, desconexión y naturaleza—. Yo, ellas y mi nueva motito. Ahora estaba sentada, más enfocada que nunca en mi nuevo búnker, escribiendo sin parar en una mesita de bambú mirando al horizonte. Como la isla me parece un caos y tengo la pierna en recuperación hace una semana que casi no salgo de mi casita,—ni siquiera pisé la playa. Y sí, el primer día odié la isla y quise huir automáticamente, pero luego la abrace para recibir eso que la isla tenía para darme. Aún no se bien que es, pero ya se revelará... ya lo está haciendo. No hay WIFI. Perfecto!

Gracias vida de nuevo.


ree

El bunker


11 de agosto de 2025 Unos días antes de todo el caos.


Hace dos meses que vivo en Tailandia, y no solo en Tailandia, en una islita dentro de Tailandia. Una burbuja dentro de otra burbuja.


¿Se puede ir uno tan al otro lado del mundo? 

Y luego, para profundizarlo más, ¿a una isla en un país al otro lado del mundo

Esa fue la primera sensación que tuve cuando llegué a Koh Phangan 2 años atrás por primera vez. Y luego volví, porque uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida.



¿Qué es para mi Koh Phangan?


Expansión, movimiento, expresividad, emociones, risas, atardeceres. Ver y dejarte ser visto. Está vez de yapa, también fue una comunidad de hermanas que fueron puro aprendizaje y un terreno de práctica lleno de la energía propicia para trabajar con el otro, en el día a día, en el escenario real de la vida. A veces feliz, a veces no tanto, pero siempre siempre con aprendizaje. Eso es lo que más me gusta de aquí, y no entiendo como funciona, pero funciona. Quizás por eso atrae a tantos “buscadores” que vienen aquí a encontrarse. Y parece que muchos lo hacen, porque siempre vuelven.

Esta vez hice un voluntariado de Tantra por un mes, una cuenta que tenía pendiente. Una experiencia que me enseñó muchísimo, muchas cosas que no pensaba que iba a aprender. Entonces, me agarró un poco de sorpresa. Me mostró cómo sentir más—, me enseñó a expresarme más libremente, aún cuando creía que ya sabía hacerlo. Me instruyó a mirar desde nuevas perspectivas a los otros y a mí misma, a los ojos (literal) por muchos minutos cada día y sostener esa mirada, con calma, admiración y templanza, escuchando mis propios límites y aprendiendo de ellos. Me enseñó a tocar. Me recordó que podía bailar como una niña de vuelta, y más aún, que debía hacerlo, a correr haciendo “el avioncito” y a volver a saltar en la cama elástica con los pies y también con la cola, como solía hacerlo. Hacía más de 20 años que no saltaba así. 

Me ayudó a recordar también que debo tener más paciencia conmigo mismx y me invitó a ver mis patrones, justo ahí, en el campo: en el mismísimo escenario de la vida. A percibir cómo se manifiestan, a tomar distancia de eso, a reconocerlos, a aprender y entonces, a decidir hacer otra cosa.  Me enseñó que a veces también está bien ser y sentir DEMASIADO.

Is not too much? (¿no es demasiado?) —pregunté varias veces.

What is too much? (¿qué es demasiado?) me contestaron varias veces. Y así, descubrí que puedo elegir brillar y mostrarme sin miedos. Que puedo abrazar mi parte femenina, mi capacidad de recibir y de dejarme cuidar. Que la sociedad no nos entrena para nada en eso, y que en consecuencia, es una de las cosas donde debemos poner más énfasis. Que puedoy quiero— abrazar mi lugar de mujer, y cuando hablo de ese lugar no hablo del que estamos conquistando por la fuerza, sino del vulnerable, el sensible, el receptivo, el intuitivo. El de entrega, fluidez, y transformación. Que por si no lo saben, también es mágicamente hermoso y desde donde sale la mayor fuerza creadora de movimiento y vida. Ese mismo que perdimos tanto, las mujeres y también los hombres al vivir en una sociedad que nos empuja al máximo a resistir sin pausa. Quizás por eso muchos venimos a refugiarnos a burbujas como estás. No solo porque lo queremos, sino porque lo necesitamos.


Aprendí también a conectar de nuevo con mi sensualidad y mi cuerpo si así lo quiero, y que también me encanta y que también me empodera. Que puedo bailar bachata si se me antoja y disfrutarlo, y que también puedo poner mis limites con amor y firmeza si lo necesito. Que puedo mostrarme al mundo tal cual soy, sin poner mis propias barreras mentales. Que puedo expandirme aún más, abrazando TODO lo que me constituye, con más amor y más naturalidad. Y les juro que no luzco una persona que no se “muestra”, pero así y todo, interiormente, siempre luchamos nuestras propias batallas.


La vida es el terreno perfecto para el aprendizaje. Y esta isla tiene algo aparte de muchísimos turistas— y es un terreno propicio y amable para aprender con el otro, porque estamos todos en la misma, incluso los que no lo están. Estar en el camino de aprender lo hace todo más fácil no menos difícil, ¡ojo!, solo más sencillo, porque estás preparado para eso, y aunque esta isla te pega por todos lados hasta que vas aprendiendo, siempre te retiras con amor y lecciones,  casi siempre prácticas, y eso es lo curioso. No se como funciona, pero funciona. Y lo digo porque lo viví, pero también porque lo he visto en muchos otros.

Hoy me voy de la isla por otro intervalo de tiempo—sé muy  bien que volveré. Me voy casi golpeada por un coco gigante, con una pierna cagada a palos el doble de diámetro de lo normal y una raspadura que es casi una obra de arte. Mi tatuaje Koh phangan diría una amiga para que aunque te vayas, te acuerdes que siempre, SIEMPRE, seguimos aprendiendo. Ahí está la magia de la vida.


Gracias KP


Las mujeres infinitas.
Las mujeres infinitas.

Entradas relacionadas

Ver todo

Comentarios


lo random de la vida .jpeg

¿Te ha gustado?


Invitame un Cafecito 🇦🇷  para seguir compartiendo magia


Tambien podes apoyar mi contenido a traves de Paypal  🌍

Website designed & developed by Gs7 | Exclusive content by AV Copyright © 2024. 
All Rights Reserved.

 


El contenido total de este sitio web está protegido por derechos de autor.
Queda prohibida su uso, copia o distribución sin la autorización de la autora. El uso no autorizado constituye un delito conforme a la legislación vigente.

bottom of page