Aprendizajes 3: La complejidad de los procesos
- hace 3 días
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 14 horas

¿Todavía creemos que los procesos se dan así de una? Todos en orden y en formato evolutivo, creciente y racional. Políticamente correctos, ¿Sincrónicos, amables y armónicos? Quizás nos confundió la etimología de la palabra proceso, que viene de «avanzar» y literalmente: «ir hacia adelante». Pero es que hay muchas maneras de ir «hacia adelante», que a veces también incluyen parar, retroceder, recalcular, tomar el rumbo opuesto y a veces, solo detenerse.
Suena paradójico ¿no? pero sí, a veces detenerse también es ir hacia adelante,
y quizás por ese conflicto de gramática, esa es la parte del proceso que más nos cuesta. Detenernos.
E inversamente proporcional, cuanto más nos cuesta detenernos, más nos movemos rápido, sin rumbo e instintivamente, casi como autómatas. Porque cuando no paramos, solo sobrevivimos.
¿Será que la vida no siempre es tan armónica? ¿Y por eso los procesos tampoco deberían serlo?
Y es que en la vida también hay cosas que no entendemos, que surgen como energías disruptivas, accidentes, catástrofes, sequías, incendios y eventos que cortan, redirigen, cambian y lo detienen todo de un golpe y de una vez.
—Ah, parecido a mis procesos— pensé.
Entonces ¿será que pensar los procesos como movimientos controlados, lineales o predecibles es una ficción? ¿Una peli de Disney? una vida no real? ¿Algo muerto?
Y es que creo que los procesos son más parecidos a la vida:
desordenados, a veces incoherentes,
por momentos desprovistos de toda lógica,
desatinados, incomprensibles, arbitrarios, caóticos.
A veces ingobernables
Probablemente cíclicos como la naturaleza y de seguro también ambiguos,
como el bien y el mal,
como eso que si no fueran etiquetas del “bien” y del “mal” sólo serían estados y caras de una misma moneda, desprovistos de todo juzgamiento.
—Ah… al final no tan distintos de la vida— pensé de nuevo
Los procesos— como nosotrxs que los atravesamos— a veces se detienen, involucionan, implosionan o explotan por los aires.
Nos obligan a tomar atajos, desvíos, cambios de planes.
Les crecen distracciones, obstáculos o también propuestas increíbles, paralelas y competitivas, cargadas de brillitos y sentimentalismos, lo suficientemente atractivas para apartarnos un poco de nuestro propósito.
Y eso también constituye llama vida y probablemente algún tipo de equilibrio.
A veces nos capturan con las marcas de nuestras antiguas heridas,
y aunque nos obnubilamos y probablemente caemos, a veces podemos pescarle en su interior la misma marca de fabricación.
Pequeñas carnadas de salmón, a ver si picamos…
Y probablemente picamos— o pecamos—
¿Porque a quien no le gusta el salmón?
A veces nos toma un tiempo recordar que en realidad éramos vegetarianos y que lo somos porque lo elegimos, porque nuestra paz se fue en ello.
A veces luego, nos sorprendemos, a nosotrxs mismxs,
viendo que ya no elegimos el salmón aunque para otros sea increíble, o el sueño del pibe, o un plato carísimo.
Y eso también es un proceso extra— añadido— que no habíamos contemplado desde el inicio, pero a veces aparece, como una sutil victoria camuflada.
Y es que el camino no solo nos pone dificultades, sino también distractores que son dificultades hedónicas disfrazadas,
que funcionan como un test, una pequeña prueba, para ver si de verdad estamos tan seguros y comprometidos con el camino que elegimos, y a dónde vamos.
Esas pruebas a veces nos invitan a una revisión.
Otras confirman lo que ya ha madurado adentro nuestro, porque al final no son más que un tanteo para ver en qué nivel estamos. Lo bueno que esa prueba es solo para con nosotrxs.
Y luego de todo eso, de toooodo ese proceso— que no solo es ir para adelante, sino en todas las direcciones y principalmente hacia adentro—
el proceso en cuestión se vuelve fértil y prospera, en algún sentido, muchas veces, inesperado.
Y ahí viene el momento divertido,
Donde luego del caos, el cansancio y el trajín de tremendo movimiento,
nos topamos por fin con un producto, un hijx del proceso, una canasta llena de semillas que se hicieron frutos, donde termina —o empieza— el arco iris. Quizás el comienzo de otro proceso, el nivel 2 o 3,
donde solo la encuentran los que perseveran,
los que a pesar de todo, se atreven a caminar.

A veces los grandes aprendizajes están en las complejidades de la experiencia,
Casi siempre en sus vértices, en los puntos de fuga y en los margen de error.
Por ahí, en algún lugar impensado, impredecible, no calculado,...
Los verdaderos buscadores saben que desviarse del camino es tan parte del camino como el camino mismo
Y ese, probablemente, será el mantra más importante que más vamos a necesitar repetir, como brújula para poder volver
al camino, del camino.
El secreto que nadie nos cuenta, es que en ese «perdernos» también encontramos partes nuevas de nosotrxs que no conocíamos, que se configuran en el caos del imprevisto devenir. La sorpresa, la improvisación, la magia y el movimiento vienen con ello.
Quienes nos muestran, que gracias a Dios,
aún estamos vivos y vivimos, porque probablemente lo opuesto, sería estar muertos.



Comentarios